Neurodivergencia
Mientras que la neurodiversidad es un concepto colectivo que describe la variabilidad natural del funcionamiento neurológico humano, el término neurodivergencia se aplica a nivel individual para referirse a aquellas personas cuyos estilos neurológicos se apartan de lo que se considera normativo o neurotípico. Ahora bien, desde el punto de vista científico, todos somos neurodivergentes. Resulta un error, pues, contemplarlo como nicho excluyente. Ser neurodivergente no implica necesariamente una discapacidad ni un bajo rendimiento; puede coexistir con talentos excepcionales, formas singulares de creatividad o estrategias cognitivas únicas para resolver problemas. Entre los perfiles frecuentemente asociados a la neurodivergencia se encuentran el TEA, el TDAH, los trastornos del procesamiento sensorial, las dificultades específicas de aprendizaje (DEA) y diversas comorbilidades. La clave está en que el sistema educativo no imponga una homogeneidad funcional, sino que ofrezca entornos flexibles y opciones metodológicas que permitan a cada estudiante aprender desde sus propios recursos. El término neurodivergente se contrapone a neurotípico, que describe a quienes presentan un funcionamiento neurológico alineado con las expectativas y normas sociales predominantes. Esta distinción no establece una jerarquía ni implica un modelo binario, sino que invita a cuestionar la centralidad de un único modo de pensar, aprender y comportarse como referencia universal. En este sentido, el concepto de neurodiversidad actúa como paraguas para promover una convivencia educativa más equitativa e inclusiva.
LOS 5 TIPOS DE CEREBRO NEURODIVERGENTES
Pues bien, todo cerebro fluctúa entre unas características y otras. El psicólogo Simon Baron Cohen, reconocido investigador del autismo distinguió 5 tipologías cerebrales o cerebros neurodiversos:
  • Cerebro tipo B. Demuestra equilibrio entre sistematización y empatía, entre lógica e imaginación.
  • Cerebro tipo E. Motivado más por socializar que por sistematizar, mostrando predilección por las relaciones sociales.
  • Cerebro tipo E extremo. Excesivamente motivados por la socialización, mostrándose muy amigables, y nada motivados por la lógica.
  • Cerebro tipo S. Interesados por la sistematización (lógica, secuencias, patrones), y mucho menos por la socialización y empatía.
  • Cerebro tipo S extremo. Extremadamente hábiles en sistematización e inhábiles en empatía, socialización y emociones.
En la Escuela y Universidad, además de en el resto de la sociedad, se encuentran los anteriores tipos de cerebros. No resulta uno mejor que otro, ni peor, ni más real o menos real. Sencillamente únicos, diferentes y especializados así como absolutamente reales, necesarios y complementarios. Responsables de la invención de los diferentes medios de transporte o de la Inteligencia Artificial, como también de crear arte en sus distintas manifestaciones o liderar grupos de personas y países enteros.
  • Tipo S → Son buenos para ver patrones, comprender el funcionamiento de las cosas y experimentar con los objetos. Son muy buenos enseñando cómo funcionan los artefactos y encontrando otras utilidades y mejoras. Pero prefieren alejarse de lo social y les cuesta iniciar una conversación o invitar a salir a alguien. Las mujeres en este tipo de cerebro tienen un plus y es que se les facilita un poco más la socialización siendo también muy sistemáticas. Pueden llegar a conversar con facilidad, aunque tienen un límite de lo que ya sabemos que llaman masking.
  • Tipo S extremo → Hipersistematizadores, mentes programadas para buscar patrones toooodo el tiempo. Pueden detectar patrones complejos como calendarios antiguos, aprender un idioma en un día o leer un libro de 800 páginas en un par de horas, curiosamente allí están los que tienen oído musical u oído absoluto (los que interpretan una melodía con solo escucharla una vez). Pueden detectar inconsistencia o errores en un sistema a tal punto de mejorarlo y optimizarlo. Saben cómo hacer que las cosas tengan su mejor desempeño mecánico y pueden incluso anticipar fallos antes que sucedan al seguir patrones.