La celeridad por aplicar los contenidos neurocientíficos del momento al aprendizaje dio lugar a la proliferación de los denominados neuromitos, una interpretación errónea de los conocimientos del cerebro, un término que fue definido en 2002 por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) como “concepto erróneo generado por un malentendido o una cita errónea de hechos establecidos científicamente (por investigación del cerebro) para justificar el uso de la investigación neurocientífica de la educación y en otros contextos” (OCDE, 2002),
Vista la conveniencia e impacto de la Neurociencia en el sector educativo, es comprensible su deseo de introducirla cuanto antes. Esto ha supuesto cierta precipitación, que no ha sido favorecida, sino todo lo contrario, por la deficiente comunicación entre neurocientíficos y docentes, la escasa colaboración de investigadores de distintas especialidades, los obsoletos programas formativos docentes inicial/ permanente, la pseudociencia en canales no científicos y sin filtros (Internet) y la difusión de buenas prácticas vs prácticas basadas en evidencia científica, entre otras. El cúmulo de factores anteriores, ha conducido a la aparición de imprecisiones, sesgos, malinterpretaciones y hasta falacias sobre la anatomía, fisiología y desarrollo del cerebro humano. Estos errores, que surgieron prácticamente desde los inicios de la neuroeducación, han sido comúnmente denominados neuromitos, especialmente cuando se orientan al mundo educativo. De hecho, cuando son difundidos entre docentes o dentro del contexto escolar, algunos autores los denominan con mayor precisión neuroedumitos (Flecha, 2017; Racionero, 2020; Racionero et al., 2023). Pero lo cierto es que no son exclusivos de educadores y docentes, sino que acontecen en distintos terrenos, incluso en el neurocientífico. En efecto, es común leer entre tratados neurocientíficos algunas imprecisiones o desavenencias como las siguientes:
  • Clasificaciones clásicas en obras tradicionales y modernas del cerebro en cuatro lóbulos cerebrales: Frontal, Parietal, Occipital y Temporal. En realidad, obras más modernas como la de Ribas (2018) reconocen esto como inexacto o mito, puesto que a los lóbulos anteriores hay que añadirles al menos dos más: Insular, y Límbico, e incluso uno más denominado Central. Luego, no hay 4 como suele leerse habitualmente, sino 6 o 7.
  • Otra confusión común entre neurocientíficos es el conocido como principio de Dale que afirma que cada neurona libera un tipo único de neurotransmisor en todas sus terminaciones sinápticas. Sin embargo, el propio Henry Hallet Dale era consciente de que algunas neuronas liberan más de un neurotransmisor (Feldberg & Tansey, 2011).
  • Uno más importante es el convencimiento de que la Amígdala únicamente se encarga de las emociones, de la amenaza y del miedo; cuando, en realidad, también es responsable de la consolidación de la información en la Memoria a Largo Plazo, según confirmó Hector Valdés (2020).
  • Otro ejemplo actual es el convencimiento de que el cerebro tiene que actuar como agente activo en acciones determinadas para la activación de sus neuronas y conexiones. Pero, se ha evidenciado y demostrado la existencia de neuronas espejo que se activan cuando el sujeto observa acciones en sus semejantes, en cierto sentido, como si estuviera realizando la acción en primera persona.
Si existen neuromitos entre los propios científicos dedicados al estudio del cerebro (neurocientíficos), puede comprenderse que surjan entre colectivos profanos a la Neurociencia. Y así se ha producido desde que el neurocirujano Alan Crockard los identificara y acuñara el nombre en el año 1986, acudiendo al sufijo latin mytos (cuento) tras la palabra neuro (nervio = cerebro). En el terreno educativo, fue usado por el profesor John T. Bruer, apenas una década después (1997) y en plena efervescencia de la Neurociencia y nacimiento de la Neuroeducación, como se ha indicado más arriba (década de cerebro).
Poco después pasaron a ser investigados rigurosamente. Su estudio pionero fue en 2002, cuando Herculano-Houzel (2002) diseñó y aplicó un cuestionario a científicos y otras personas profanas para conocer el conocimiento general sobre Neurociencia, entre las que se añadió intencionadamente una docena de afirmaciones incorrectas y neuromitos, denominadas “subjetivas” (Herculano-Houzel, 2002, p. 102). Tras esta investigación, se desarrollaron en otros contextos indagaciones similares no específicas sobre neuromitos sino sobre alfabetización neuroeducativa en general, como las de Pickering y Howard-Jones, en 2007; Howard-Jones et al., en 2009,;Rodrigues et al., en 2010 y 2013, y Alenko, en 2012 (citados en Rodríguez et al., 2024a, p. 241).
A la par, fueron advertidos por la propia OCDE, por primera vez, en su reunión científica de 2002, por la amenaza que suponía y se volvió a aludir a ellos en su reunión posterior de 2007. En su seno, se aludió a neuromitos concretos que a la postre serían considerados como clásicos. En la reunión de 2002, se alertó del peligro de los tres mitos siguientes: sobre la independencia o predominancia hemisférica cerebral (cuando ambos hemisferios trabajan de forma perfectamente armonizada y conectada, sin tal predominio, aunque estén especializados por tareas), sobre el impacto de una estimulación rica infantil en el desarrollo sináptico (cuando tal sobreestimulación no tiene ese resultado esperado sino que puede producir el contrario: desatención del infante), y sobre los periodos críticos obligatorios para culminar ciertos aprendizaje, entre 0 y 3 años (cuando, en realidad, se contemplan científicamente como ventanas de oportunidad o periodos sensibles más propicios para ciertos aprendizajes que de no culminarse, se pueden adquirir perfectamente después). En su reunión de 2007 añadió a los anteriores los mitos sobre el uso exclusivo del 10% del cerebro (cuando en realidad se utiliza prácticamente el 100 %), sobre el aprendizaje de una única lengua a la vez (cuando existen cerebros totalmente bilingües desde su inicio), y la existencia de múltiples inteligencias que operan de forma separada (cuando más bien lo demostrado es la aplicación de una inteligencia general a múltiples áreas).
Tras esta primera década de principios del siglo, aparece un estudio exclusivamente sobre neuromitos y con una escala específicamente de ellos. Tanto su propósito como resultados y especialmente su escala de medición de neuromitos se convertirían en referentes para investigadores posteriores. Si los demás estudios anteriores habían contenido en torno a la decena o docena de neuromitos, este estudio actualizó y aglutinó un total de 15 neuromitos. Se trata del estudio y escala de Dekker et al. (2012). Supuso un estímulo y réplica para muchos otros estudios en otros muchos contextos. Véase este recorrido en la figura 1.
En estos estudios posteriores, cuyo punto de partida fue este estudio de Dekker et al. (2012) fundamentalmente, aunque también los pioneros sobre alfabetización neuroeducativa general, se fueron añadiendo nuevos neuromitos que seguían surgiendo. Algunos estudios de metaanálisis sobre este tipo de estudios fueron publicados, como el de Torrijos et al. (2021) y el de Rodríguez et al. (2024a, b). Se presenta a continuación la figura siguiente con el propósito de visualizar la evolución temporal y expansión contextual del estudio sobre este tópico (Figura 2).