Del instinto al aprendizaje
El cerebro ha evolucionado para aprender.
Tras una mirada retrospectiva a la educación, se advierte que fue concebida como una práctica basada en la experiencia y la observación, más que en el conocimiento profundo de los mecanismos biológicos y cognitivos del aprendizaje. Sin embargo, los avances de la Neurociencia sobre cómo funciona el cerebro aprendiente abrieron nuevos horizontes y dieron lugar al nacimiento de la Neuroeducación. En sus orígenes, durante la época conocida como neuroboom, neurocentrismo, neurofilia o década del cerebro (1990-2000), se reconocen los aportes del profesor Gerhard Preiss en 1988, considerado pionero en su denominación como Neuroeducación. Defendió la idea de tender puentes entre la Neurociencia y la Pedagogía, por lo que preconizaba la idea de que los docentes debían disponer de conocimientos básicos sobre el desarrollo y funcionamiento cerebral, de cara a adaptar sus estrategias pedagógicas a las necesidades reales del alumnado.

En efecto, se considera que la Neuroeducación surge en un intento epistemológico de responder a la reacción de algunos críticos de la educación ante las escasas evidencias neurocientíficas del corpus teórico de la Pedagogía y la Didáctica. Por tal motivo y ante tales circunstancias, emerge esta disciplina como una propuesta integradora entre Ciencia y Educación, que parte de considerar que, para enseñar bien, hay que entender el funcionamiento cerebral y su implicación en la producción del aprendizaje. Un funcionamiento cerebral que se basa en procesos cognitivos y metacognitivos, claramente, como siempre se ha apuntado, pero que no se activan y, por tanto, no es posible aprender eficazmente, sin un componente emocional que motive, conecte y de sentido a los procesos.
Al remontarnos a su orígen disciplinar, se hace necesario recordar que a principios de los años noventa se comenzó a realizar un estudio exhaustivo del cerebro humano y sus funciones, surgiendo así la Neurociencia cognitiva, la cual despierta el interés por el estudio de la implicación de la memoria y la atención en la cognición, y también en el aprendizaje (Neuroaprendizaje) y la Educación. De tal suerte que la interrelación entre Neurociencia (cerebro) y Educación da como resultado la Neuroeducación, considerada en sus inicios como interdisciplina que emplea el conocimiento del cerebro para mejorar la memoria y los procesos del aprendizaje (Mora, 2024).
Investigadores como Bruer (1997, 2016) comenzaron a alertar acerca de la distancia que separaba a la Neurociencia de la educación y, años más tarde, ratificaron que la psicología podía constituir el puente entre ambas disciplinas, lo que dio origen a la Neurociencia cognitiva educacional, como un subcampo dentro de la Neurociencia cognitiva. Es precisamente la Neurociencia cognitiva la que se encarga de estudiar los mecanismos biológicos de la cognición (percepción, memoria, atención, pensamiento) y la conducta, acercándose más a los principios de la Psicología, generando con ello un ámbito de investigación centrado en cómo la mente y el cerebro pueden informar sobre el proceso de aprendizaje (Nieto, 2011). Con esta premisa, se dio paso a la interrelación de tres disciplinas: Psicología (mente/mind), Neurociencia (cerebro/brain) y Pedagogía (educación/education), que por sus siglas en inglés fue conocido como MBE.
Tal fundamento triangular prefiguró muchos de los principios que en la actualidad sustentan la Neuroeducación como disciplina joven, que se edifica sobre los pilares fuertes de la Neurociencia y otras derivaciones de ella. Estos pilares fueron construidos a partir de conocimientos científicos comprobados mediante pruebas médicas, para encontrar hallazgos y probar teorías acerca del funcionamiento de este importante órgano. Tal enfoque respalda una educación más científica, personalizada y emocionalmente consciente, sentando así las bases para una nueva forma de enseñar y aprender que sigue creciendo hasta hoy. Es decir, la reclamada educación basada en la evidencia científica, también denominada evidencia basada en la Ciencia.
De tal suerte que la Pedagogía puede beneficiarse de las investigaciones de la ciencia del cerebro (Neurociencia), junto con los estudios derivados del comportamiento humano y sus trastornos (Psicología), generando una nueva transdisciplina que permitirá mejorar y diseñar situaciones de aprendizaje efectivas (Neuroeducación). Y es por ello que se ha definido como una transdisciplina que pretende optimizar los procesos de enseñanza-aprendizaje haciendo posible la elección de metodologías y técnicas con argumentos basados en la ciencia del cerebro y el comportamiento. De esta manera, se abrieron las puertas a educadores para comprender los principios del aprendizaje con una base científica sólida y se dio paso al nuevo campo. Actualmente, no hay consenso respecto de la utilización de un solo término. Si bien el más aceptado mundialmente es MBE, aunque en países hispanohablantes se apuesta preferentemente por el término Neuroeducación para referir esta transdisciplina. Así, el campo se ha ido consolidando con un enfoque transdisciplinar que busca optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje a partir de evidencia empírica lo que facilitará la eliminación de falsas interpretaciones acerca del funcionamiento cerebral y propiciará el diseño de respuestas educativas personalizadas y potenciadoras.
Actualmente, constituye una necesidad enseñar desde bases científicas. En este sentido, la Neuroeducación abre excelentes oportunidades para los docentes. En el empeño de descubrir las amplias posibilidades que brinda esta transdisciplina, el profesor deberá comprender, entre otros aspectos, cómo se lleva a cabo el proceso de aprendizaje, qué factores motivan la adquisición de conocimientos, qué aspectos son más valorados y cómo se retiene y utiliza la información recibida. Resultan de gran valor para el docente, los descubrimientos relacionados con la neuroplasticidad, emociones y atención; elementos claves contenidos en los principios básicos universales y esenciales para planificar la enseñanza desde la Neuroeducación. Al respecto, se parte de reconocer la neuroplasticidad como la capacidad que posee el cerebro humano de formar y modificar conexiones neuronales a partir de la información que recibe del medio que le rodea y la posibilidad de su reorganización durante toda la vida, de modo que se asegure un aprendizaje constante.
La Neuroeducación reconoce el papel que juega la atención, junto a los tres tipos de memoria (sensorial, trabajo y largo plazo) en el aprendizaje de cada persona. Desde su vínculo con la Psicología educativa, pondera el papel de la motivación y las emociones en la cognición en una relación bidireccional y única en cada individuo. Mientras que la atención se reconoce como un proceso complejo, que difiere en cada persona, lo que conlleva a que el docente tenga que diversificar las técnicas y recursos que garantizan su focalización. Avances y descubrimientos que sirven de fundamento para aportar a los docentes las actuaciones o pautas a seguir para mejorar la enseñanza desde la Neuroeducación.
Se recomienda favorecer la atención en el aula limitando el tiempo de duración de la sesión a aproximadamente 50 minutos, así como tener presente durante la planificación de las actividades, los momentos de máxima y mínima audiencia. Durante la máxima audiencia se aconseja introducir los nuevos conocimientos, consolidar lo aprendido, establecer conclusiones o cierres, mientras que en la etapa de mínima audiencia se recomienda realizar actividades prácticas o relacionar los nuevos conocimientos con los anteriores. Entre las actuaciones o directrices para favorecer estados atencionales más largos y una sensación de bienestar general, se sugiere la realización de actividades físicas antes de comenzar las sesiones de trabajo en el aula, lo cual se relaciona con un aumento en la segregación de dopamina.
Otro elemento de valor hace referencia a la potenciación de la creatividad mediante algunas manifestaciones artísticas: música, artes plásticas y la expresión corporal. Además, se propone fomentar la problematización, la investigación y la indagación, a partir de reconocer el aumento en la generación de endorfinas. Y no menos importante es la construcción del currículo educativo en función de los periodos madurativos del cerebro (períodos sensibles). Esta parcela de la Neurociencia ha tomado la denominación propia de neurodesarrollo. Unido a lo anterior, se considera que una forma certera de potenciar la atención y la memoria es ejercitar el cerebro, mejorando así la capacidad de observar y atender los estímulos del entorno. Se recomienda, a partir de la multisensorialidad, despertar emociones positivas en el aula, generando una motivación por el aprendizaje. Además, se requiere incentivar la curiosidad, la búsqueda de la novedad del contenido, emplear el cuestionamiento o favorecer experiencias discrepantes que provoquen la indagación, la reflexión y la búsqueda de soluciones, dar libertad a la hora de elegir las tareas y establecer un ambiente emocional seguro.
Como se ha explicitado, en la actualidad se aspira a concebir un proceso de enseñanza-aprendizaje que aplique técnicas y metodologías activas centradas en los pilares y principios de la Neuroeducación. Para ello, se considera de gran valor la realización de mapas conceptuales, actividades de comparación, realización de resúmenes, así como la aplicación de las metodologías activas para el aprendizaje. En este quehacer, es importante que el docente perfeccione el proceso evaluativo, el que deberá ser individualizado y fundamentado desde el conocimiento científico.
Los avances de la neurociencia también han impactado positivamente en la educación superior y en la formación docente, favoreciendo el desarrollo de competencias profesionales en los estudiantes en correspondencia con su perfil. Desde esta perspectiva, se implementan cada vez con mayor sistematicidad y cientificidad las técnicas de aprendizaje activo, con actividades de enseñanza-aprendizaje de manera creativa y dinámica. Igualmente, se hace especial énfasis en la evaluación formativa del estudiantado y en los procesos de retroalimentación.
Como se ha constatado hasta aquí, la Neuroeducación ha surgido como una herramienta innovadora en la sociedad contemporánea, que capacita al docente como agente responsable del proceso educativo para mejorar su práctica profesional. Se presenta como una estrategia potenciadora del aprendizaje que abre nuevos horizontes en el plano educativo, en aras de conseguir una educación de calidad, más equitativa e inclusiva. Como conclusión de lo analizado hasta aquí, se hace necesario precisar que la Neuroeducación no es solo una disciplina emergente, sino una verdadera oportunidad para revolucionar la educación desde dentro: con ciencia para entender, con empatía para acompañar y con propósito para transformar.
Constituye una transdisciplina joven en continuo perfeccionamiento. En su evolución, se ha enriquecido con la Psicología del Aprendizaje, la Biología, y otras ciencias que han facilitado la comprensión de cómo funciona el cerebro para el aprendizaje y explican el comportamiento de cada individuo. Tiene su concreción en la Neuropedagogía, Neuroenseñanza y Neurodidáctica y ha llegado para complementar o enriquecer la Educación, no para contravenirla. Hablar de Neuroeducación es hablar de futuro, incluso se le ha denominado así, Pedagogía del futuro o simplemente la Educación del futuro.
Otras “neuro” educativas

En el camino transitado por la neurociencia hacia su consolidación como disciplina científica han surgido diferentes términos que en ocasiones dan lugar a confusión, por lo que conviene su dilucidación conceptual. En todos los sectores, en general, el prefijo “neuro” se ha acompañado de múltiples terminaciones. En el terreno educativo no ha sido diferente, por lo que se hace preciso discernir entre los conceptos neuroeducativos y afines: Neuroeducación, Neuropedagogía, Neurodidáctica, Neuroenseñanza y Neuroaprendizaje. Ciertamente están estrechamente relacionados; sin embargo, entre ellos existen diferencias conceptuales relevantes. Comprender estas diferencias conceptuales, permitirá a los docentes y profesionales de la educación adoptar estrategias más coherentes y efectivas para favorecer los procesos de enseñanza-aprendizaje, siempre alineados con la evidencia científica acerca del funcionamiento cerebral. A continuación, diferenciamos los principales:


